Revista mensual sobre la actualidad ambiental - Nº 127 - Abril 2004 - ¢400 - ISSN 1409-214X

 

 

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Nuestra Portada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En esta edición abordamos dos asuntos de animales que, siendo distintos, se conectan. Uno es el del maltrato infligido a las mascotas de siempre -perros y gatos-, respecto del cual, recientemente, el gobierno decretó un Reglamento para la reproducción y tenencia responsable de animales de compañía, y el otro asunto es el de la extracción de animales silvestres de su medio natural mascotizándolos y haciendo de su vida un calvario -si la expresión cabe. Respecto de esto el gobierno también ha dictado hace poco lo que viene a ser un reglamento a la Ley de Vida Silvestre. De fecha no lejana, y asimismo grata, es la prohibición gubernamental de usar animales en espectáculos circenses. Se está conformando el consenso acerca de que haciendo sufrir inmerecidamente a los animales que domesticó hace milenios y aherrojando criaturas silvestres la sociedad humana se envilece y, por añadidura, pone en riesgo su seguridad e higiene.
Entre arruinar la vida de un animal doméstico a punta de malos tratos o la de uno silvestre mascotizándolo a golpe de rudezas, y depredar un medio ecosistémico con fines económicos, hay una diferencia más que sutil. La magnitud del daño a la naturaleza probablemente sea mayor cuando por el imperativo del crecimiento económico se arrasa un bosque o se intoxica con plaguicidas un suelo, que cuando se enjaula pichones de lora o se flagela chuchos sarnosos. Pero mientras aquellas acciones expresan (expresión cada vez más pervertida) la trama de la actividad económica para la supervivencia humana, estas otras acciones contra individuos animales se enmarcan en una relación procurada por el humano solo para su goce, siendo económicamente insignificantes. Mientras éstas suponen un cara a cara con la bestia (literal cara a cara: ojos con ojos, jadeos con jadeos) que compromete moralmente -porque la bestia se nos asemeja-, aquéllas forman parte de las relaciones de aprovechamiento de los recursos naturales, o sea, de relaciones con objetos sentidos como absolutamente desemejantes (así los vive el agente económico de la sociedad moderna). A partir de esta diferencia se explica que a muchos nos atormente hasta el llanto el maltrato a los animales milenariamente domesticados y la domesticación y sufrimiento de los aún silvestres, pero que no nos mueva a similares dolor y tristeza la vieja expoliación cotidiana de la naturaleza. Y la actitud ante los animales de granja, que es de un desapasionamiento cercano al que se tiene ante las actividades productivas predatorias de la naturaleza, nos muestra que el amor por los animales decrece conforme crece su funcionalidad económica (¿quién llora por las multitudes de gallinas encerradas y martirizadas de por vida?). En la actitud ante los animales de trabajo vemos, pues, debatirse (a) el amor por los animales individualizados, mascotizados, con (b) el desafecto por los elementos de la naturaleza que constituyen recursos naturales. Tal actitud ante los animales integrados al proceso productivo ocupa un lugar más o menos intermedio en el trayecto existente entre las otras dos actitudes y demuestra que la economía (moderna) nos distancia emocionalmente de la naturaleza (nos enajena, nos hace afectivamente ajenos a ella).
Afortunadamente, con el movimiento ambientalista nos encontramos recorriendo el camino contrario. Aunque el amor por los animales mascotizados es aún mucho más álgido que el experimentado por animales no individualizados, plantas, microorganismos, suelos, cursos de agua, elementos climáticos, etcétera, con el movimiento ambientalista nos movilizamos hacia la pasión por todo: ecosistemas, paisajes geográficos, biosfera… con los pueblos y culturas en ellos contenidos, en defensa de sus respectivas especificidades, de sus ciclos propios y acompasados de desarrollo y sus modos de integración. La vehemente defensa actual de los animales mascotizados se ensambla cada vez más con la defensa del ambiente, le brinda a ésta energía y un modelo, y la defensa del ambiente le permite a la defensa de los animales confluir en el movimiento mayor de defensa de la biosfera.

 

 

 

Problemática de la mascotización de animales silvestres

Shirley Ramírez, Federico Guillén y Dennis Janik

 

Lacras de la mascotización de especies silvestres

Mauricio Jiménez

 

Por qué no mascotizar animales silvestres

Rebeca Chaverri

 

Educación contra maltrato a animales

Ana Matamoros

 

No mascotizar fauna silvestre, sí cuidar fauna domesticada

Luis Diego Marín

 

Refugio de animales y rehabilitación

Carlos Moncada

 

Vida de perros

Gisela Vico

 

Alimentación de animales silvestres en cautiverio

Andrea Brenes

 

Fauna silvestre en hogares nicas

Rosa Elena Zegarra

 

 

 

Inminente presión china sobre bosques del mundo

Reseñas de estudios.

 

Toda caza de ballenas es cruel

Sociedad Mundial para la Protección Animal.

 

Reservas de biosfera: marco para actividades económicas
no predatorias y autogestionarias

Eduard Müller.

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